Mil quinientos metros a nado en la bahía el Limón de Colón, cuarenta kilómetros de bicicleta por la carretera que conduce desde las esclusas de Gatún al fuerte Sherman y 10 kilómetros en el aeropuerto en desuso de ese mismo antiguo fuerte militar norteamericano en Panamá.
El fuerte Sherman era una instalación militar ubicada del lado oeste de las esclusas de Gatún, en ella se encuentra una marina, la primera en su tipo al estilo americana en Panamá según un señor que nos acompañaba en el evento. También aledaño, están las ruinas del fuerte San Lorenzo que data de los tiempos coloniales de este país.
Lo interesante de llegar al fuerte es que se debe atravesar el canal de panamá no a través de un gran puente como el Centenario o el de Las Américas, si no a través de un puente móvil ubicado en todo el frente de la esclusa mientras la misma está cerrada al paso de las naves marítimas. Una vez pasando frente a cada compuerta de toneladas de peso y que aguantan muchas más toneladas en agua y embarcaciones acuáticas, se siente la inmensidad de esa maravilla de la ingeniería humana como lo es el canal de Panamá.
Una vez del lado que debíamos estar nos preparamos para dar inicio a un nuevo reto deportivo. Este año, y cada vez más, se nota el aumento de la competitividad y del nivel de los contendores, haciendo que nosotros, los aficionados que estamos a la lucha de bajar nuestros tiempos, veamos lo mucho que nos falta por entrenar y mejorar para alcanzar un buen registro y por que no un lugar en el podium de nuestra categoría, aunque por los momentos creo que será cuando pase a la de 40-49 que pueda aspirar a un podium, pero no por ello me desanimo y bajo la intensidad de mis entrenamientos por que ya el hecho de bajar mi propio tiempo es todo un reto.
Comentando sobre la prueba, el agua estaba tranquila, típico de esa bahía, la partida a la natación se dio a tiempo y el mar nos dejó competir solamente contra nosotros mismos y contra nuestros contendores sin tener que pelear con olas ni corrientes. Me sentí muy pesado en el agua, seguramente y por estar enfocado solo en carreras pedestres últimamente, he dejado la natación a un lado apoyado en mi background como nadador. Al fin salgo con un tiempo más que decente pero, por esa falta de entrenamiento, con el corazón agitado a niveles no apropiados para tomar la bici.
Montado en las dos ruedas me costó mucho conseguir mi ritmo, Camilo como siempre colaborador me pasa e invita a trabajar el “drafting” juntos, pero no pude tomar ese tren tan pronto en mi descontrolado ritmo ciclístico. Pasan así tres vueltas y luego que encuentro un grupo que llevaba un ritmo mejor que el mío consigo hacer “click” y engancharme en este para terminar mi cuarta vuelta y los 40 kilómetros de ciclismo, fue un buen trabajo con Steve en esos últimos 10 kilómetros de bicicleta.
Al correr, el calor se hizo presente, mi reloj marco 36 grados en la máxima. En un tramo selvático del camino escuché los gritos de unos monos, eran de tal volumen que me movía en zig zag en la ruta por si a caso salían en mi camino, se llaman monos aulladores y para mi vergüenza son unos monos bien pequeños que usan como mecanismo de defensa gritar como gorilas. El entrenamiento de carrera ayudó mucho a esta parte y aun con lo cansado pude completar los 10 kilómetros en un tiempo menor que la prueba del años pasado.
En esta oportunidad me acompañó mi hermano José Antonio y por primera vez, fuera del vientre materno, mi hijo hace presencia en una de mis pruebas teniendo así la familia completa junto a mi querida hija que no dejó de gritar “dale papi” y a mi linda esposa que como siempre me apoya en estas locuras.
Luego de cumplida la misión no quedaba más que complacer a la familia terminando el día con una “piscinada” en el hotel de hospedaje y recapitular la experiencia vivida con mi hermano y mi esposa. Cabe destacar que mi hermano se ha entusiasmado y me ha prometido acompañarme activamente en la versión de este evento del año que viene, ya veremos si cumple. Por ahora a seguir el training para el maratón que viene y luego romper los esquemas que tengo de entrenamiento en vista a cumplir el reto del año próximo el Ironman Cozumel 2009.
Comentando sobre la prueba, el agua estaba tranquila, típico de esa bahía, la partida a la natación se dio a tiempo y el mar nos dejó competir solamente contra nosotros mismos y contra nuestros contendores sin tener que pelear con olas ni corrientes. Me sentí muy pesado en el agua, seguramente y por estar enfocado solo en carreras pedestres últimamente, he dejado la natación a un lado apoyado en mi background como nadador. Al fin salgo con un tiempo más que decente pero, por esa falta de entrenamiento, con el corazón agitado a niveles no apropiados para tomar la bici.
Montado en las dos ruedas me costó mucho conseguir mi ritmo, Camilo como siempre colaborador me pasa e invita a trabajar el “drafting” juntos, pero no pude tomar ese tren tan pronto en mi descontrolado ritmo ciclístico. Pasan así tres vueltas y luego que encuentro un grupo que llevaba un ritmo mejor que el mío consigo hacer “click” y engancharme en este para terminar mi cuarta vuelta y los 40 kilómetros de ciclismo, fue un buen trabajo con Steve en esos últimos 10 kilómetros de bicicleta.
Al correr, el calor se hizo presente, mi reloj marco 36 grados en la máxima. En un tramo selvático del camino escuché los gritos de unos monos, eran de tal volumen que me movía en zig zag en la ruta por si a caso salían en mi camino, se llaman monos aulladores y para mi vergüenza son unos monos bien pequeños que usan como mecanismo de defensa gritar como gorilas. El entrenamiento de carrera ayudó mucho a esta parte y aun con lo cansado pude completar los 10 kilómetros en un tiempo menor que la prueba del años pasado.
En esta oportunidad me acompañó mi hermano José Antonio y por primera vez, fuera del vientre materno, mi hijo hace presencia en una de mis pruebas teniendo así la familia completa junto a mi querida hija que no dejó de gritar “dale papi” y a mi linda esposa que como siempre me apoya en estas locuras.
Luego de cumplida la misión no quedaba más que complacer a la familia terminando el día con una “piscinada” en el hotel de hospedaje y recapitular la experiencia vivida con mi hermano y mi esposa. Cabe destacar que mi hermano se ha entusiasmado y me ha prometido acompañarme activamente en la versión de este evento del año que viene, ya veremos si cumple. Por ahora a seguir el training para el maratón que viene y luego romper los esquemas que tengo de entrenamiento en vista a cumplir el reto del año próximo el Ironman Cozumel 2009.

