lunes 14 de abril de 2008

La segunda mejor carrera en mi vida. O debo decir nuestra…

Un día antes de uno de los eventos más importantes en mi vida, preparo todo para estar listo bien temprano al día siguiente. Como siempre reviso cuidadosamente todos los implementos, examino por enésima vez mi “check list”, todo está acorde se requiere.
Llegó el día cero, nos levantamos muy temprano el viernes 14 de Marzo de 2008 y llegamos al lugar de partida, como siempre mi esposa a mi lado, ella siempre está allí y en esta oportunidad cómo no ha de estar. Una última revisión in situ nos dice que todo está listo que estamos preparados para enfrentar este nuevo reto.
Pero en esta oportunidad no soy yo el protagonista, no son unos 10 kilómetros, tampoco 42, de seguro es algo más grande que el Ironman que aun no he hecho, tampoco es un cruce a nado del río más grande de mi país, lo que si es seguro es que formo parte del equipo y me siento más que orgulloso de ello.
Unas cuantas horas nos separan de la meta, no sabemos cuantas, la primera vez fueron 12. Es una meta interesante, llegar a ella no significa el final de la carrera, todo lo contrario allí es que comienza, esto es lo más encantador y a la vez fascinante del evento de este día, pasar todo ese tiempo intentando llegar a ella tan solo con el único fin de comenzar la verdadera carrera.
En ocasiones he contado con la compañía de mi familia en mis eventos, el primero más importante de ellos, si ese de las 12 horas, allí estaban físicamente, dándonos aliento para llegar a esa meta. En esta oportunidad estaban de nuevo allí, aunque separados físicamente por una distancia que se puede medir en metros, en este caso kilómetros, la distancia sentimental a la que se encontraban era tal vez más cercana a la de la primera oportunidad y físicamente una persona las representaba a todas a la vez, mi querida suegra, aunque extrañé mucho a mi mamá eso si. También muy relevante el hecho que en esta oportunidad había un miembro más en el equipo, una que se nos unió después del primer gran evento, ella le dio un gusto más grande a nuestra participación en esta ocasión.
Fue más larga, más de 13 horas esta vez, pero igual de emocionante. El final, esa llegada a la meta fue más difícil, pero allí llegamos. La nueva carrera ha comenzado. Mi segundo hijo ha nacido.
Nueve meses de preparación para este día. Me tocó ser en esta oportunidad el apoyo, el que debe entender y ser paciente (espero haberlo hecho bien), no al que se le perdonaba el sueño y el cansancio por los largos de los fines de semana antes de un maratón, si no el que tenía que entender que durante esos nueve meses el cuidado debía ser especial. Como toda buena preparación, el buen entrenamiento valió la pena.
Hoy a un mes del nacimiento de Paúl Ignacio, estoy más que seguro que las dos mejores carreras, por así decirlo, donde he estado, no las corrí yo, fue mi amada esposa que hoy es la madre de mis dos tesoros, estoy más que seguro que una buena carrera no se hace solo participando en ella, también se hace desde las barandas gritando fuerte y dando ánimo y en este caso ésta continua con la responsabilidad de llevar a nuestros hijos por el camino donde igualmente logren disfrutar de esta vida que Dios nos ha dado.
Ahora, después de una muy justificada pausa, a seguir entrenando y participando en los otros eventos.