Este año, por razones de trabajo, tuve la oportunidad de visitar Tokio justo previo a mi participación en el maratón de Nueva York, como para mi no es nada usual visitar esos lados del orbe, me contenté mucho a pesar de la cercanía con mi principal evento deportivo del año. Inmediatamente me surgieron dos dudas, dónde poder correr en esa ciudad durante los diez días que estuviese allá y cuál sería el efecto del cambio de horario, conocido como “Jet Lag,” a mi regreso a este continente para participar en el maratón.
Con respecto al Jeg Lag, no tenía nada más que hacer si no lo mismo que recomiendan en situaciones normales para ese tipo de viajes, dormir muy bien la noche antes del vuelo, en el horario regular, y tratar de dormir en el avión a intervalos regulares de tal manera que el cuerpo se vaya adaptando al cambio, así hice y me fue muy bien, aunque también creo que la adrenalina por acercarse el evento ayudó a que así fuese.
Respecto a dónde correr, consulté con un colega japonés en la oficina que también corre y me dio el dato, al cual quiero hacer referencia en este comentario de hoy. Para quien la conoce, Tokio es una ciudad bien populosa, repleta de infraestructura hasta en el último rincón, donde no se desperdicia ningún centímetro cuadrado, no por ello desorganizada. Es impresionante que aun con una población de más de 34 millones en su área metropolitana, no se vea hacinamiento por ningún lado. Sin embargo, no cuenta con extensos parques como se puede decir de Manhatan y su Central Park, las pocas áreas verdes que hay están reservadas en parte a los lugares imperiales, el Palacio del Emperador es uno de esos.
Afortunadamente los japoneses (nihonjin) cuentan con los alrededores de éste palacio para correr o caminar, en un perímetro de casi exactos 5 kilómetros se puede correr alrededor del palacio en un ambiente único, bordeándolo se puede contar con una ruta bien marcada, yo diría que de manera exagerada para los que conocen lo difícil que es contar con una ruta para correr que señale exactamente su longitud, a pesar de estar rodeado de calles, la vista hacia dentro del palacio es de un verdor impresionante, no usual en la ciudad, la ruta no es nada plana pero eso tienen su beneficio en el training, hay una ciclo vía en la calle que bordea al palacio, así que también se puede usar para rodar en la bici. Lo que es usado como inicio y final de la ruta da hacia la entrada del palacio con un área extensa para hacer los estiramientos de rigor y donde uno al correr se mezcla con el sinfín de turistas que van a visitar de manera obligada uno de los lugares turísticos por excelencia de la ciudad.
Por supuesto que no es la única ruta para correr en la ciudad, pero al menos no hay que lidiar con los semáforos y calles. Yo me encontraba en un hotel a 2 kilómetros del palacio y llegar a éste me tomaba un tiempo más de lo normal debido a ello. Al llegar a esta ciudad, si se quiere disfrutar de correr al aire libre, despojándose de la aburrida trotadora de los hoteles, esta es la mejor opción aunque para llegar se use el metro.
Con respecto al Jeg Lag, no tenía nada más que hacer si no lo mismo que recomiendan en situaciones normales para ese tipo de viajes, dormir muy bien la noche antes del vuelo, en el horario regular, y tratar de dormir en el avión a intervalos regulares de tal manera que el cuerpo se vaya adaptando al cambio, así hice y me fue muy bien, aunque también creo que la adrenalina por acercarse el evento ayudó a que así fuese.
Respecto a dónde correr, consulté con un colega japonés en la oficina que también corre y me dio el dato, al cual quiero hacer referencia en este comentario de hoy. Para quien la conoce, Tokio es una ciudad bien populosa, repleta de infraestructura hasta en el último rincón, donde no se desperdicia ningún centímetro cuadrado, no por ello desorganizada. Es impresionante que aun con una población de más de 34 millones en su área metropolitana, no se vea hacinamiento por ningún lado. Sin embargo, no cuenta con extensos parques como se puede decir de Manhatan y su Central Park, las pocas áreas verdes que hay están reservadas en parte a los lugares imperiales, el Palacio del Emperador es uno de esos.
Afortunadamente los japoneses (nihonjin) cuentan con los alrededores de éste palacio para correr o caminar, en un perímetro de casi exactos 5 kilómetros se puede correr alrededor del palacio en un ambiente único, bordeándolo se puede contar con una ruta bien marcada, yo diría que de manera exagerada para los que conocen lo difícil que es contar con una ruta para correr que señale exactamente su longitud, a pesar de estar rodeado de calles, la vista hacia dentro del palacio es de un verdor impresionante, no usual en la ciudad, la ruta no es nada plana pero eso tienen su beneficio en el training, hay una ciclo vía en la calle que bordea al palacio, así que también se puede usar para rodar en la bici. Lo que es usado como inicio y final de la ruta da hacia la entrada del palacio con un área extensa para hacer los estiramientos de rigor y donde uno al correr se mezcla con el sinfín de turistas que van a visitar de manera obligada uno de los lugares turísticos por excelencia de la ciudad.
Por supuesto que no es la única ruta para correr en la ciudad, pero al menos no hay que lidiar con los semáforos y calles. Yo me encontraba en un hotel a 2 kilómetros del palacio y llegar a éste me tomaba un tiempo más de lo normal debido a ello. Al llegar a esta ciudad, si se quiere disfrutar de correr al aire libre, despojándose de la aburrida trotadora de los hoteles, esta es la mejor opción aunque para llegar se use el metro.
